Jn 10,1-10. «YO SOY EL PASTOR, EL BUENO»

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Dijo Jesús a los fariseos: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».

Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,1-10).

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Juan y los Evangelios Sinópticos

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El discurso del Evangelio de Juan evoca las parábolas de los sinópticos sobre el pastor (Mt 18,12-14; Lc 15,4-7), aunque:

  •  allí se aplica al ejercicio de la misericordia hacia los descarriados como imitación del amor de Dios.
  •  En Juan es ocasión de la Revelación de Jesús, que no sale a buscar, sino que llama y los que le pertenecen «lo siguen».
  •  En los sinópticos se presenta la solicitud del pastor como algo obvio:«¿Quién de vosotros… no sale a buscar?», y que debiera ser imitado por todos los lectores.
  •  En Juan Jesús es un Pastor que se diferencia de otros muchos por ser «el Bueno».

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El Pastor de Israel

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El Evangelio de Juan supone la imagen de Dios como el único Pastor de su pueblo:

«Como un pastor YHWH pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas» (Is 40,11).

Pero también conoce que Dios confió a algunos de sus siervos el encargo de conducir sus ovejas según su voluntad:

Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón (Sal 77,21).

 Habló Moisés a YHWH y le dijo: «Que YHWH, Dios de los espíritus de toda carne, ponga un hombre al frente de esta comunidad, uno que salga y entre delante de ellos y que los haga salir y entrar, para que no quede la comunidad  de YHWH  como rebaño sin pastor».

Respondió YHWH a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el espíritu, impónle tu mano, y colócalo delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la comunidad para darle órdenes en presencia de ellos» (Nm 27,15-19).

 Y eligió a David su servidor, le sacó de los apriscos del rebaño, le trajo de detrás de las ovejas, para pastorear a su pueblo Jacob, y a Israel, su heredad (Sal 78,70-71).

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Los malos pastores y el pastor esperado

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Finalmente, el Evangelio conoce también la tradición profética que denunció el mal desempeño de los dirigentes del pueblo (reyes y sacerdotes) durante la época monárquica:

 ¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! – oráculo de YHWH -. Pues así dice YHWH, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado las ovejas mías, las empujasteis y no las atendisteis. Mirad que voy a pasaros revista por vuestras malas obras – oráculo de YHWH – (Jer 23,1-2).

 ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño (Ez 34,2-3).

Por eso se esperaba que el rey Mesías fuese el pastor que cuidara de Israel, como lo había hecho David.

Yo [YHWH] vendré a salvar a mis ovejas para que no estén más expuestas al pillaje; voy a juzgar entre oveja y oveja. Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo David: él las apacentará y será su pastor (Ez 34,22-23).

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El comienzo del discurso de Jesús

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El amén, amén  es propio del Ev de Juan. Aparece allí 25 veces, para anunciar una verdad nueva o para superar un malentendido:

  • «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre  el Hijo del hombre» (Jn 1,51).
  •  «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (6,32).
  •  «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy» (8,58).

En este caso el doble amén que introduce el discurso del Pastor enlaza la discusión anterior sobre el ciego de nacimiento. En medio de esta discusión se presenta un ofrecimiento de salvación bajo la forma de parábola (10,6).

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Ovejas que necesitan ser guiadas

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En el Evangelio de Juan siete signos o prodigios van manifestando de una manera creciente la identidad de Jesús. Los signos están asociados a una declaración de Jesús:

 multiplicación de los panes   ž               Yo soy el pan de vida (6,35).

 curación del paralítico   ž                       Yo soy la luz del mundo (8,12).

 resurrección de Lázaro   ž                     Yo soy la resurrección (11,25).

 curación del ciego   ž                             Yo soy la puerta de las ovejas (10,7).

                                                             ž Yo soy el Pastor, el Bueno (10,11).

¿Por qué vincular a la ceguera el Pastor, y no la Luz? Tal vez Juan recoge la imagen de la tradición visionaria judía. Allí se describe a Israel guiado en el desierto por una oveja (Moisés) e introducido en Canaán por otra oveja (Josué). En ambos casos el resto del rebaño estaba ciego:

«Las ovejas cruzaron el agua y salieron al desierto, donde no hay agua ni hierba, y empezaron a abrir los ojos y ver. Vi que el dueño de las ovejas las apacentaba y daba agua y hierba, y aquella oveja iba guiándolas… Unas veces se abrían sus ojos y otras se cegaban, hasta que surgió otra oveja, que las condujo e hizo volver a todas, y se abrieron sus ojos» (1 Henoc 89,28.41)

La misma tradición describe que en la época helenística muchas ovejas del rebaño se volvieron sordas. Pero con la llegada del Reino mesiánico todas llegarían a ver:

He aquí que nacieron corderos de aquellas ovejas blancas y comenzaron a abrir sus ojos, a ver y a gritar a las ovejas. Pero las ovejas no les gritaban, ni escuchaban sus palabras, sino que eran sordas en extremo, y sus ojos eran total y absolutamente ciegos […Finalmente] todas las ovejas fueron convocadas a la casa, que no tenía cabida para todas. Los ojos de todas estaban abiertos: veían bien y no había entre ellas ninguna que no viera  (1 Henoc 90,6-7.34-35).

La tradición visionaria posterior vinculará la luz y el pastor a la Ley:

«Los pastores, las luces y las fuentes tenían su origen en la Ley, y cuando desaparezcamos, la Ley continuará. Por tanto, si tomáis en serio la Ley y os decidís por la sabiduría, entonces, la lámpara no faltará, el pastor no perecerá y la fuente no se secará» (2 Baruc 77,13-16).

Pero Juan relaciona la Luz con Jesús, a quien considera el Revelador definitivo:

  •  la Ley fue dada por medio de Moisés;
  •  la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo (Jn 1,17)

«Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es».

El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada» (Jn 9,29-33).

El ciego curado no escuchó a los críticos de Jesús y por eso fue expulsado de la comunidad. La parábola de la puerta quiere describir esa experiencia, propia de los que reconocen que Jesús con su revelación hace plena la Ley dada por Moisés :

«En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon» (Jn 10,6-8).

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Jesús, el Pastor mesiánico

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Juan quiere mostrar que Jesús es el Mesías esperado:

«Yo soy el pastor, el bueno; conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí… El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre» (Jn 10,14.29).

  • es el anunciado, que se distingue de los anteriores que han robado.
  •  las ovejas son de Dios, que se las ha confiado.

Para eso desarrolla la metáfora del Pastor descrita por el profeta Ezequiel:

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Os habéis tomado la leche, vestido con la lana y sacrificado las ovejas más gordas (Ez 34,3) El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir (Jn 10,10).
Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras (34,5) el asalariado deja las ovejas y huye, y el lobo las apresa y dispersa (10,12)
Las sacaré de en medio de los pueblos… Las pastorearé  por los montes de Israel (34,13) si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá…
Las apacentaré en buenos pastos (34,14) … y encontrará pasto (10,9).
Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará (34,23) habrá un solo rebaño, un solo pastor (10,16)

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El pastor que da vida a las ovejas

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Sin embargo Juan busca ir más allá de Ezequiel. Anticipa los temas del discurso de la Última Cena:

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Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. El buen pastor da su vida por las ovejas (Jn 10,10-11) Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos (Jn 15,13).
Yo soy el Pastor bueno: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas (10,14-15) Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo (17,3).
El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre (10,29) Cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros (17,11).

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El Revelador enviado por el Padre es el Pastor acreditado para establecer una relación de confianza y conocimiento mutuo entre él y sus ovejas.

Según el Evangelio de Juan, Jesús posibilita el acceso al Padre, porque no es del mundo, como otros maestros (10,8): «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba  (8,23).

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Los pastores y el Pastor

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Los ministros cristianos son llamados en los escritos apostólicos «pastores»:

 [Cristo] «comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros» (Ef 4,11).

 «Exhorto a los presbíteros…: Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios… Y cuando llegue el Pastor principal (arkhipoimen), recibirán la corona imperecedera de gloria» (1 Pe 5,1-4).

Sin embargo el discurso del Pastor en el Evangelio de Juan tiene su propio contexto. No es una enseñanza sobre el oficio pastoral en la comunidad, ya que según este Evangelio Jesús es el único intermediario entre los discípulos y el Padre:

«Habrá un solo rebaño, un solo pastor» (Jn 10,16).

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