Mt 28,1-10. HA RESUCITADO…

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«Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.

Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán» (Mt 28,1-10).

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La confesión de fe pascual

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La fe de los primeros creyentes fue proclamada concisamente mediante el binomio MUERTE – RESURRECCIÓN. Pablo recoge algunas de estas expresiones que él recibió por tradición:

  • “Si creemos que Jesús murió y que resucitó, del misma modo Dios llevará consigo a quienes murieron en  Jesús” (1 Tes 4,14)
  •  “se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Flp 2,8-9)
  •  “… constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro” (Rom 1,3-4)
  •  “entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación” (Rom 4,25)
  •  “Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos” (Rom 14,9)
  •  “recibí que Cristo murió por nuestros pecados, según las  Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras” (1 Co 15,3-4)

Más tarde los cuatro Evangelios desarrollarán narrativamente esta confesión de fe.

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Los relatos de aparición del Resucitado

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Los Evangelios no relatan la RESURRECCIÓN de Jesús, sino que muestran al RESUCITADO haciéndose visible en varias ocasiones. Los elementos comunes a todos los relatos de aparición son:

  1.  Aparición del Resucitado en medio de los discípulos reunidos
  2.  el reconocimiento por parte de ellos
  3.  el envío por parte del Resucitado

El núcleo de fe de estos relatos es la PRESENCIA del Resucitado y su RELACIÓN con los discípulos.

De carácter secundario son los relatos del sepulcro vacío:

  • en ellos cada Evangelio presenta una escena muy variada donde se testifica la AUSENCIA del Crucificado.
  • Son de carácter negativo y por eso no constituyen una prueba suficiente.
  • La ausencia del cuerpo de Jesús en el sepulcro podría explicarse de otro modo sin afirmar la resurrección.
  • Sin embargo en el relato de Mateo las mujeres no se encuentran simplemente con el sepulcro vacío, sino que presencian la escena de su apertura…

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El Ángel del Señor bajó del cielo

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Mateo relata la escena usando un lenguaje propio de la literatura apocalíptica. Indica de este modo que el acontecimiento pascual da inicio a los últimos tiempos:

DANIEL MATEO
«Su cuerpo brillaba como el crisólito, su rostro tenía el aspecto del relámpago» (10,6) «Como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la Venida del Hijo del hombre» (24,27)
«Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura» (7,9). «Jesús se transfiguró en presencia de los discípulos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (17,2).

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Un hecho indescriptible

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Ningún Evangelio canónico relata el momento en que Jesús resucitó o dejó el sepulcro. El único texto que describe la salida del sepulcro es un apócrifo del siglo II. Se trataría de un desarrollo del relato de Mateo:

«Durante la noche que precedía al domingo, mientras estaban los soldados de dos en dos haciendo guardia, se produjo una gran voz en el cielo. Y vieron los cielos abiertos y dos varones que bajaban de allí teniendo un gran resplandor y acercándose al sepulcro. Y la piedra aquella que habían echado sobre la puerta, rodando por su propio impulso, se retiró a un lado, con lo que el sepulcro quedó abierto y ambos jóvenes entraron.

Al verlo, pues, aquellos soldados, despertaron al centurión y a los ancianos, pues también éstos se encontraban allí haciendo guardia. Y, estando ellos explicando lo que acababan de ver, advierten de nuevo tres hombres saliendo del sepulcro, dos de los cuales servían de apoyo a un tercero, y una cruz que iba en pos de ellos.

Y la cabeza de los dos llegaba hasta el cielo, mientras que la del que era conducido por ellos sobrepasaba los cielos. Y oyeron una voz proveniente de los cielos que decía: «¿Has predicado a los que duermen?» Y se dejó oír desde la cruz una respuesta: «Sí» (Evangelio de Pedro 35-42)

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El triunfo de Dios sobre los poderes humanos

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Se invierte la situación: el Crucificado vive – los soldados están como muertos.

VIERNES por la tarde Amanecer PRIMER DÍA
«José tomó el cuerpo [de Jesús], lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca» (27,59) «El Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos» (28,2.4).
«Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia» (Mt 27,66). «Ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho» (28,5-6).

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Los ejércitos son vencidos por la fuerza de Dios que actúa en los débiles:

  •  «Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó» (Ex 14,28).
  •  «Así venció David al filisteo [Goliat] con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal, sin tener una espada en su mano» (1 Sam 17,50).
  •  «Aquí está la cabeza de Holofernes, el general en jefe de los ejércitos asirios… ¡El Señor lo ha matado por la mano de una mujer!» (Judit 13,15).

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Hermanos de Jesús por la fe

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De la revelación angélica y la comprobación del sepulcro vacío las mujeres pasan a un encuentro con el Resucitado.

Su reacción expresa la actitud de los creyentes ante la presencia del Resucitado, aún cuando no lo vean: «ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron» (Mt 28,9).

La consigna de Jesús es la misma que le había ordenado el Ángel. Pero a los destinatarios del anuncio ya no se los llama «DISCÍPULOS» (28,7-8): «No teman; avisen a mis HERMANOS que vayan a Galilea, y allí me verán» (28,10).

Aquellos que escuchan el anuncio de la resurrección y creen en ella se convierten en hijos de Dios y de esta manera en los hermanos y hermanas de Jesús.

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