Lc 24,1-8 ¿POR QUÉ BUSCAR ENTRE LOS MUERTOS AL QUE ESTÁ VIVO?

 

«El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día». Y las mujeres recordaron sus palabras» (Lc 24,1-8).

 

La confesión de fe pascual

 

La fe de los primeros creyentes fue proclamada concisamente mediante el binomio MUERTE – RESURRECCIÓN. Pablo recoge algunas de estas expresiones que él recibió por tradición:

 “Si creemos que Jesús murió y que resucitó, del misma modo Dios llevará consigo a quienes murieron en  Jesús” (1 Tes 4,14)

 “se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Flp 2,8-9)

 “… constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro” (Rom 1,3-4)

 “entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación” (Rom 4,25)

 “Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos” (Rom 14,9)

 “recibí que Cristo murió por nuestros pecados, según las  Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras” (1 Co 15,3-4)

Más tarde los cuatro Evangelios desarrollarán narrativamente esta confesión de fe.

 

Los relatos de aparición del Resucitado

 

Los Evangelios no relatan la RESURRECCIÓN de Jesús, sino que muestran al RESUCITADO haciéndose visible en varias ocasiones. Los elementos comunes a todos los relatos de aparición son:

  •  Aparición del Resucitado en medio de los discípulos reunidos
  •  el reconocimiento por parte de ellos
  •  el envío por parte del Resucitado

El núcleo de fe de estos relatos es la PRESENCIA del Resucitado y su RELACIÓN con los discípulos.

De carácter secundario son los relatos del sepulcro vacío:

  • en ellos cada Evangelio presenta una escena muy variada donde se testifica la AUSENCIA del Crucificado.
  • Son de carácter negativo y por eso no constituyen una prueba suficiente.
  • La ausencia del cuerpo de Jesús en el sepulcro podría explicarse de otro modo sin afirmar la resurrección.

 

La Vida se ha manifestado

 

En el anuncio de la resurrección de Jesús reconocemos el poder creador de Dios, que por medio del profeta dijo:

 «He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera» (Is 52,13).

 Descubrimos, igualmente la confianza de aquel que ha confiando en el poder y en el amor de Dios, según las palabras del salmista:

 «Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos» (Sal 31,16).

 Nos muestra aquella plenitud que también nosotros aguardamos recibir cuando nos toque experimentar la muerte:

«Por medio de Jesús creéis en Dios, que lo ha resucitado de entre los muertos y le ha dado la gloria, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza estén en Dios» (1 Pe 1,21).

Pero la resurrección de Jesús no sólo abre para los hombres el horizonte de una nueva vida, más allá de la muerte. Ya hace comenzar una vida nueva más acá de la muerte:

 «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte» (1 Jn 3,14).

 Éste fue ciertamente el principal argumento de los primeros predicadores: la confianza de que la vida del hombre se puede conformar definitivamente con la de Jesús. Donde se realice una existencia humana conforme al proyecto de Jesús, todos los hombres podrán ver que la vida del Resucitado se manifiesta; y donde sus discípulos no vivan coherentemente su fe, una pesada piedra seguirá ocultando la vida de Jesús de la mirada de los hombres.

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