Jn 9,1-41. LA LUZ DE LA VIDA

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Al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Entonces, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?». Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». El decía: «Soy realmente yo».

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo».

Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos.

Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta».

Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?».

El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando».

Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él (Jn 9,1-41).

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La liturgia de Cuaresma del Ciclo A está construida sobre pasajes bíblicos que los primeros cristianos utilizaron en las catequesis pre-bautismales. Si el domingo pasado se subrayaba el elemento del agua, en el 4to Domingo el Evangelio se destaca el símbolo de la luz.

Jesús comienza por oponerse a una vinculación entre la enfermedad (u otra desgracia) y el pecado. Si la ceguera no procede del pecado, es entonces signo de otra realidad

«La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre» (Jn 1,9).

Bautizarse en Jesús es acoger una Luz que todo lo ilumina y entrar en la comunidad de los testigos de la Luz.

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Pecado y enfermedad

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Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» (Jn 9,2).

La pregunta está dependiendo de una idea arraigada desde antiguo en el pensamiento bíblico:

«YHWH es lento para enojarse y lleno de misericordia. Tolera la maldad y la rebeldía, pero no las deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos hasta la cuarta generación» (Nm 14,18).

Los profetas insistieron, más bien, en la responsabilidad personal:

«En aquellos días, no se dirá más: Los padres comieron uva verde y los hijos sufren la dentera. No, cada uno morirá por su propia iniquidad» (Jer 31,29-30).

«El hijo no cargará con las culpas del padre, ni el padre cargará con las culpas del hijo. Sobre el justo recaerá su justicia, y sobre el malvado, su maldad» (Ez 18,20).

Según algunos, el hombre podía ser culpable antes de nacer. Tal vez sería así con este ciego…

«La criatura de arcilla yace en la iniquidad desde el seno materno y hasta la vejez permanecerá en una infidelidad culpable» (1QH 4,29-30).

«Paz perfecta para el justo. Hiciste surgir su cuerpo para la gloria. A los impíos desde el seno materno los señalaste para el exterminio en tu favor» (1QH 15,17).

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Una ocasión de manifestar el don de Dios

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«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9,3).

Ya en otras ocasiones Jesús había desligado la desgracia del pecado:

«¿Creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no» (Lc 13,4-5).

El Evangelio de Juan está relatando este suceso como uno de los siete SIGNOS que Jesús realiza. La ceguera remite a otra realidad. Es una carencia como otras que Jesús remedia a partir del don que él ofrece:

«El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna» (Jn 4,13-14)

«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre» (Jn 6,35).

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida» (Jn 8,12).

El ciego progresivamente acogerá la Luz de la vida.

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La Luz de la Vida

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«Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo» (Jn 9,4-5).

En el Evangelio de Juan la OBRA que Jesús realiza es la REVELACIÓN

«Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la OBRA que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo» (17,4-6).

En la tradición bíblica la Luz es la REVELACIÓN de la voluntad de Dios manifestada en la Ley:

«Los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos» (Sal 19,9).

«Porque el precepto es una lámpara, la enseñanza, una luz, y las reglas de la instrucción, un camino de vida» (Prov 6,23).

La Luz que Jesús aporta con su enseñanza es una REVELACIÓN que hace aún más pleno el don que Dios ya había entregado a los hombres.

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El camino de la fe

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Como en el diálogo de la samaritana, la discusión del ciego con los que lo interrogan va progresando hasta llegar a una confesión de FE:

«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi» (Jn 9,11). Afirma lo evidente
«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo» (Jn 9,25). Se permite la duda
Dijeron al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta» (Jn 9,17). Capta algo especial en Jesús
«Sabemos que Dios no escucha a los pecadores… Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada» (9,31-33). Postula su confianza
Jesús le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?». Respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». Entonces él exclamó: «Creo, Señor» ( Jn 9,35-38). Jesús se la confirma

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El camino de la propia seguridad

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Entre los conocedores de la Ley se produce una división. Algunos se dejan interpelar por el signo (¡no puede ser un pecador!). Otros se cierran en sus certezas (¡no observa el sábado!), y prejuzgan como pecadores a quienes no conocen:

  • «Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos» (Jn 9,16).
  • «Nosotros sabemos que ese hombre [Jesús] es un pecador» (Jn 9,24).
  • «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron (Jn 9,34).

Los que interrogan al ciego van progresando en su propia seguridad hasta llegar a un rechazo de Jesús y del que ahora ve. Realizan el proceso inverso.

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Quedan ciegos los que ven

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Jesús comenzó negando que el ciego fuera un pecador. Pero ahora no duda en afirmar que los que se consideran clarividentes sí son pecadores:

Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven».

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?».

Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece» (Jn 9,39-41).

 Su pecado (su distanciamiento respecto a Dios) consiste en que dicen que «saben» («… que ese hombre es un pecador; …que Dios habló a Moisés»). Por eso está cerrados a la luz que podrían recibir.

Jesús no condena; pero sí juzga del mismo modo que lo habían hecho los otros profetas:

«Tú dirás a este pueblo: “Escuchen, sí, pero sin entender: miren bien, pero sin comprender”. Embota el corazón de este pueblo. Endurece sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus oídos, que su corazón comprenda y que se convierta y sane» (Is 6,9-10).

La fe es una apertura del corazón que reconoce la necesidad de ser iluminado.

Quien, confiado en sus certezas, se cierra a lo que no conoce, queda sumergido en su propia oscuridad.

 

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Categorías: Comentario del Evangelio

Jn 4, 5-42. CONOCER EL DON DE DIOS

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Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús le respondió:
«Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te dice:
“Dame de beber”,
tú misma se lo hubieras pedido,
y Él te habría dado agua viva.»
«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»
Jesús le respondió:
«El que beba de esta agua
tendrá nuevamente sed,
pero el que beba del agua que Yo le daré,
nunca más volverá a tener sed.
El agua que Yo le daré
se convertirá en él en manantial
que brotará hasta la Vida eterna.»
«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»
Jesús le respondió:
«Créeme, mujer, llega la hora
en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
ustedes adorarán al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen;
nosotros adoramos lo que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad.»
La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»
Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en Él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo.» (Jn 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42).

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En el Evangelio del 3er Domingo de Cuaresma Jesús nuevamente revive experiencias bíblicas. El encuentro con una MUJER junto a un POZO de agua lo sitúa en una situación semejante a Moisés y a los patriarcas de Israel:

  •  El servidor de ABRAHAM – Rebeca (Gn 24,10-28).
  •  JACOB – Raquel (Gn 29,1-11).
  •  MOISÉS – las hijas del sacerdote de Madián (Ex 2,15-17).

Las mujeres corren a su casa para informar a los suyos que han conocido en el pozo a un hombre especial. También la mujer samaritana dice a sus vecinos:

«Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?» (Jn 4,29).

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Uno más grande que Jacob

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El autor del Evangelio es un maestro del doble sentido. Como en otros diálogos del mismo Jesús se sitúa en sus diálogos a un nivel distinto del mantenido por sus interlocutores.

  • El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta (Jn 3,31)
  • el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra (Jn 3,32).

Utilizando una misma palabra, Jesús y la samaritana hablan de realidades diversas. Jesús remite a una realidad más profunda que lo captado materialmente de un modo inmediato.

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Saciarse para siempre

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Recogiendo la tradición bíblica, a la samaritana se le da a entender que hay otros tipos de necesidades, más allá de las que reclama el sustento de cada día.

La vida humana, para alcanzar plenitud, necesita participar de los dones que comunican la vitalidad propia de Dios:

«Vendrán días -oráculo del Señor- en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor» (Amós 8,11).

«Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?» (Sal 42,2-3).

De manera semejante el discurso del Pan de Vida hará ver la insuficiencia de las realidades presentes en comparación con los dones definitivos:

«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed» (Jn 6,35).

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El agua que acompaña al sediento

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Toda la conversación está centrada en el agua inagotable que Jesús ofrece a la mujer.

Detrás del discurso se encuentran leyendas rabínicas y samaritanas, que ya antes el apóstol Pablo ya había aplicado a Jesús:

«Después que se les dio como DON, el POZO se transformaba para ellos en torrentes impetuosos. Y después de convertirse en torrentes impetuosos, empezó a subir sobre las cimas y a bajar con ellos a los valles profundos» (Targum de Nm 21,19).

«[La Ley] es un pozo de agua excavado por un PROFETA de tal categoría como no ha surgido nunca nadie desde Adán; el agua que allí hay procede de la boca de la divinidad… ¡Bebamos de las aguas que hay en los pozos! Su boca es como el Eufrates, que mana aguas vivas para saciar la sed de todo el que beba de ellas» (Memar Marqah 6,3).

«Bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo» (1 Co 10,4).

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El don del Dios

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La samaritana pide a Jesús el don superior al de Jacob lo mismo que harán después los galileos respecto al don que había dado Moisés:

«Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo». Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan» (Jn 6,32-34).

Jesús promete una plenitud de la revelación, el don que había dado Moisés. Pero también se consideraba tradicionalmente el agua como imagen del Espíritu de Dios que transforma el corazón. Y este era el sentido dado a un rito durante la fiesta de las Tiendas:

«¿Por qué se llamaba a la ceremonia [de extracción del agua de la fuente de Siloé] la fiesta de «la casa del POZO». Porque de allí sacaban el Espíritu Santo» (Pesiqta Rabbati 1).

Jesús promete también una plenitud del don del Espíritu en el contexto de esa fiesta:

«El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: «El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva“. El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado» (Jn 7,37-39).

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Conociendo finalmente el don del Dios

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El diálogo ha ido progresando hasta llegar al mesianismo de Jesús:

«¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (4,9) Afirma lo evidente
«¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob?» (4,12) Se permite la pregunta
«Señor, veo que eres un profeta» (4,19) Capta algo especial en Jesús
«Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo» (4,25). Postula su esperanza
«Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?» (4,29) Jesús puede cumplirla

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La mujer deja el cántaro que usaba para buscar agua. Ya no lo necesita, porque no tendrá más sed. Tampoco nosotros si recibimos el don de la sabiduría y la gracia de Dios traída por Jesús.

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mt 17,1-9. LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS

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Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.

De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantará aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mt 17,1-9)

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La Transfiguración de Jesús

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El Evangelio del 2do Domingo de Cuaresma relata la TRANSFIGURACIÓN (gr. Metamorfosis) de Jesús, que sigue al primer anuncio de la Pasión. Si tal anuncio intentaba corregir las expectativas desmedidas de quienes lo consideraban el Mesías, la manifestación gloriosa en el monte quiere dejar en claro que a los sufrimientos seguirá la exaltación del Elegido de Dios.

En el Monte se reviven las experiencias de Moisés y de Elías en el Horeb.

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La Montaña Santa

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La escena, presente en los tres Evangelios sinópticos, constituye un relato de Epifanía o «manifestación divina». Guarda semejanzas con la narración de la entrega de la Ley a Moisés, con la cual se buscaría establecer un paralelo:

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MONTE No se menciona el nombre «Sube hasta mí, al monte [Sinaí]; quédate allí» (Ex 24,12)
GRUPO SELECTO Pedro, Santiago y Juan «Sube donde YHWH, tú, Aarón, Nadab y Abihú, con setenta de los ancianos de Israel» (Ex 24,1)
ROSTRO BRILLANTE Su rostro resplandecía como el sol «cuando bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante» (Ex 34,29)
NUBE LUMINOSA una nube luminosa los cubrió con su sombra «La gloria de YHWH descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días» (Ex 24,16).
VOZ SALIDA DE LA NUBE «Este es mi Hijo muy querido, mi predilecto» «Al séptimo día, llamó YHWH a Moisés de en medio de la nube» (Ex 24,16).
TEMOR DE LOS PRESENTES los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor «Aarón y todos los israelitas miraron a Moisés, y al ver que la piel de su rostro irradiaba, temían acercarse a él» (Ex 34,30).

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Moisés y Elías

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Como en el relato del Éxodo se entabla una conversación donde el que habla con Dios adquiere resplandor en el rostro:

«Los israelitas veían que su rostro estaba radiante. Después Moisés volvía a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba de nuevo a conversar con el Señor» (Ex 34,35).

Moisés y Elías ocupan un lugar fundamental en la historia de Israel. Y el final de la vida de ambos queda rodeado por el misterio. Por eso de ambos se esperaba el retorno en el  final de los tiempos:

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MOISES

ELIAS

Entrega la Ley al pueblo e inaugura la Alianza (Ex 24,1-8). Profetiza para que el pueblo retorne a la Alianza (1 Re 18,21.39)
Su sepulcro no se encontró (Dt 34,6) Fue elevado al cielo (2 Re 2,1-11)

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Al final del relato se relaciona la Transfiguración de Jesús con el destino de Moisés y Elías. Lo que han visto los discípulos tendrá pleno sentido cuando también Jesús sea elevado junto a Dios:

«No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mt 17,9).

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Un anticipo del mundo futuro

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Las «tres TIENDAS» intentan perpetuar la presencia divina que se manifiesta en la nube.

Podría ser una evocación de la fiesta de los Tabernáculos, que recuerda cuando Israel habitó en tiendas después de salir de Egipto.

El profeta  Zacarías presentaba el porvenir definitivo bajo la forma de una inmensa fiesta de las Tiendas, a la que serán invitadas las naciones junto con Israel:

«Todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse ante el Rey YHWH Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas» (Zac 14,16).

Una nube cubre a los presentes como lo hizo en el pasado la Presencia Divina sobre la Tienda del Encuentro:

«Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro, pues la Nube moraba sobre ella y la gloria de YHWH llenaba la Morada» (Ex 40,35).

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Escuchar y poner en práctica

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El mandato divino de escuchar a Jesús tiene correspondencia con el compromiso que Israel asumió con Moisés en el desierto y con Josué al entrar en la Tierra prometida:

«Acércate y escucha lo que dice el Señor, nuestro Dios, y luego repítenos todo lo que el te diga. Nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica» (Dt 5,27).

«El pueblo respondió a Josué: «Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios y escucharemos su voz» (Jos 24,24).

Cuando «el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mc 9,9), los discípulos reconocerán en Jesús al Profeta prometido por Moisés: (Hech 3,23).

«YHWH tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis» (Dt 18,15).

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A imagen de Jesús

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El relato anticipa la gloria que recibirá Jesús después de su Pasión.

El verbo trans-figurar (o trans-formar) aparece en el Nuevo Testamento en los Evangelios sólo dos veces: Mt 17,2 y Mc 9,2 (en voz pasiva), aplicado a Jesús

Pero el Apóstol Pablo lo usa en dos ocasiones más, referido a los creyentes:

«Nosotros, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu» (2 Co 3,18).

El Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos transforma por la gracia a los creyentes para que sean cada vez más semejantes a Jesús.

«No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfigúrense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rom 12,2).

Aquellos que escuchan la enseñanza de Jesús se comprometen a configurar su modo de pensar y de obrar de acuerdo a ella.

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mt 4,1-11. LAS TENTACIONES DEL MESÍAS

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Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».

Jesús le respondió: «Está escrito: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Luego el diablo llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”».

Jesús le respondió: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

El diablo lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme».

Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”».

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. (Mt 4,1-11)

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El Evangelio del 1er Domingo de Cuaresma trata de las tentaciones de Jesús, que de inmediato siguen al Bautismo. Éstas intentan de poner en duda la declaración del Cielo escuchada en el Jordán: ¿Jesús es Hijo de Dios? ¿Puede demostrarlo?

A la vez las tentaciones proponen un camino mesiánico diferente, que Jesús es capaz de rechazar.

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Dios conduce a su Hijo por el desierto

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El relato evoca la narración del Éxodo. Jesús revive la experiencia de su pueblo cuando salió de Egipto. En ambos casos se dice que Dios los CONDUCE (Jos 24,17; Mt 4,1):

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ISRAEL

JESUS

Atraviesa el Mar (Jos 24,6-7). Sale del Jordán (Mt 3,16)
«Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo» (Os 11,1) «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17).
Dios protege su marcha por un gran desierto (Dt 2,7). Dios lo asiste mediante ángeles  (Mt 4,11).
Murmuran contra Moisés y Aarón: «Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea» (Ex 16,3). «Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre» (Mt 4,2).
Fue nómada cuarenta años en el desierto, por su infidelidad (Nm 14,33). Después de resistir 40 días logra mantenerse fiel a Dios.

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El que recibió la misión de dar conducir «a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados» (Mt 1,21) inicia para ellos un nuevo camino a través de la FIDELIDAD a Dios.

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El lugar de la Alianza

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Entre la liberación de la esclavitud en Egipto y la entrega de la Tierra prometida, la tradición bíblica sitúa otra acción salvadora de YHWH: la guía a través del DESIERTO.

La marcha por el desierto se recuerda como un tiempo de relaciones de amor entre Israel y YHWH:

«Así dice YHWH: De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la tierra no sembrada. Consagrado a YHWH estaba Israel, primicias de su cosecha… Luego los traje a la tierra del vergel, para comer su fruto y su bien» (Jer 2,2-7).

En la tierra no sembrada Israel estaba completamente abandonado en los brazos de YHWH. Aún no había sucumbido a los halagos de la fertilidad que encontraría en la Tierra prometida. Ningún Baal se había entrometido entre Israel y YHWH.

Los profetas anuncian que esos días de amor de Israel regresarán:

«Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.

Y sucederá aquel día – oráculo de YHWH – que ella me llamará: «Marido mío», y no me llamará más: «Baal mío» (Os 2,16-18).

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El lugar de la tentación

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Pero el desierto se recuerda también como el lugar de la prueba:

«¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades! Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel; no se acordaron de su mano, del día en que les libró del adversario; cuando hizo en Egipto sus señales, en el campo de Tanis sus prodigios» (Sal 78,40-43).

Tentar a Dios es poner en duda su fidelidad y probar, mediante reclamos, si es capaz de cumplir sus promesas.

A ese tipo de desafío Jesús se resiste, conforme al primer mandamiento:

«Cuida de no olvidarte de YHWH que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre. A YHWH tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás. No vayáis en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean, porque un Dios celoso es YHWH tu Dios que está en medio de ti. La ira de YHWH tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la faz de la tierra. No tentarán a YHWH su Dios, como lo han tentado en Massá» (Dt 6,12-16).

En el desierto JESUS confía en Dios, igual que lo hizo antiguamente su homónimo bíblico [JOSUE], cuando el pueblo quería retornar a Egipto (Num 14,6-9). Puede así guiar a su pueblo en una nueva historia de redención.

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Pensamientos de Dios y pensamientos humanos

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La tentación se presenta también como un obstáculo que puede desviar respecto al camino propuesto por Dios. En este caso es el hombre quien es probado en su fidelidad.

Es lo que narra el relato del jardín de Edén (Gn 3,1-7). La atracción de lo «bueno para comer, hermoso de ver y deseable para adquirir sabiduría» (Gn 3,6) lleva a los seres humanos a apartarse de la voluntad de Dios.

Es también lo que se en los Evangelios. No sólo se pide a Jesús que demuestre que es Hijo de Dios, sino que también se le sugiere OTRAS ALTERNATIVAS para su misión mesiánica. Se le propone:

  •  TENER
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Al rechazar el anuncio de la Pasión de Jesús, Pedro se ubica, sin saberlo, en la misma posición que el tentador en el desierto. Busca apartar a Jesús de un camino que, desde la mirada de los hombres, es una locura. La réplica de Jesús es muy dura, pero deja en claro que la preocupación de Pedro es un obstáculo para los planes de Dios:

«Tomándolo aparte Pedro, se puso a reprenderlo diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!». Pero él, volviéndose, dijo a PEDRO: «¡Quítate de mi vista, SATANÁS! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (Mt 16,22-23).

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Otras alternativas

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La tentación consiste en querer probar otro camino, al margen de lo que la voluntad divina ha propuesto.

Jesús se vio TENTADO durante todo su ministerio por las expectativas de la gente. No sólo en el desierto se le sugiere que haga surgir pan. Mucha gente lo buscará sólo por eso (Jn 6,26), porque así debía ser el Mesías.

«Cuando se cumpla lo que está previsto empezará a manifestarse el Mesías. La tierra dará su fruto, diez mil por uno… Y todos los hambrientos se alegrarán y serán cada día espectadores de prodigios. En aquel tiempo el maná guardado en reserva caerá de nuevo y comerán de él esos años, porque habrán llegado al fin de los tiempos» (Apocalipsis Siríaco de Baruc, 29,3-8).

No sólo en el desierto se le sugiere un acto espectacular, como arrojarse del Templo. Algunos le pedirán prodigios para creer en él (Lc 11,29), porque también eso se esperaba del Mesías:

«No será débil en sus días, apoyado en su Dios, porque Dios le hizo poderoso por el Espíritu Santo y sabio en el consejo inteligente con fuerza y justicia. Y la bendición del Señor estará con él en la fuerza: no será débil, su esperanza está en el Señor y ¿quién puede contra él?» (Salmos de Salomón 17,42-44).

 Jesús considera que ceder a tales requerimientos es tentar a Dios (Mt 4,7).

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El dueño de los reinos de este mundo

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La peor tentación que Jesús tuvo que rechazar era la esperanza en un dominio político como Mesías. Muchos «querían apoderarse de él para hacerlo rey» (Jn 6,15).

El relato de esta tentación evoca el ceremonial practicado en la corte de Roma. El pensador judío Filón de Alejandría narró cómo él mismo se había visto obligado a adorar al emperador Calígula al ser recibido por éste en audiencia:

«Fuimos conducidos ante él; al verlo, nos inclinamos hasta el suelo con toda reverencia y temor, y lo saludamos con el tratamiento de Sagrado Emperador. Pero su respuesta fue tan cortés y amable que desesperamos, no ya de nuestra causa sino de nuestra vida. Porque con una sonrisa irónica observó: «¿Conque vosotros sois los impíos que no creen en mi condición divina, cuando todos los demás la reconocen, y creéis en el Dios innombrable!» (Delegación ante Cayo 352s).

Y como dueño del mundo Calígula entregaba el poder a quien él quería, tal como lo había hecho con su amigo de niñez, Herodes Agripa, a quien liberó de la prisión tras la muerte de Tiberio, «puso una diadema sobre su cabeza, y lo nombró rey» (Josefo, Antigüedades XVIII,237).

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Probado en todo como nosotros

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Más allá del relato del desierto, la tentación ha sido en la vida de Jesús una experiencia compartida con el resto de la humanidad, y por eso está cerca de cada uno de nosotros:

«Fue probado en todo como nosotros, aunque él no cometió pecado» (Heb 4,15).

«Por haber experimentado personalmente la tentación y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba» (Heb 2,18).

La prueba le fue presentada por los que no creían en él, por los que se formaron expectativas triunfalistas y por sus propios discípulos:

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En el desierto

En su ministerio y pasión

«Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes» (Mt 4,3). Después de comer pan hasta saciarse la gente decía: «Verdaderamente este es el Profeta que debe venir al mundo» (Jn 6,14)
«Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo» (Mt 4,6) [Pedro]: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua» (Mt 14,28).
«Si eres Hijo de Dios, ¡baja de la cruz!» (Mt 27,40).

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En el relato del desierto están resumidas todas las tentaciones que experimentó Jesús. Él enseña con su propia conducta que nada en el mundo -promesas de alimento, seguridad o poder- debería desviar a los creyentes de la confesión de fe en el Dios único y verdadero:

«Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto» (Mt 4,10; cf. Dt 6,13).

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Mt 6,24-34. NO SE INQUIETEN.

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Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?

¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?

¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?». Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.

No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción. (Mt 6,24-34).

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Una disyuntiva para resolver

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Jesús presenta una enseñanza sobre la lealtad a Dios en términos que evocan el pilar fundamental de la fe monoteísta:

«A YHWH tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás. No vayan en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que los rodean, porque un Dios celoso es YHWH tu Dios que está en medio de ti» (Dt 6,13-15).

Desde la perspectiva del Sermón de la Montaña se plantea una disyuntiva ante la cual hay que decidirse. Prácticamente se ha personificado al dinero al ponerlo en comparación con Dios. Se lo presenta como un ÍDOLO RIVAL.

Nos encontramos nuevamente ante una enseñanza radical que va más allá de la tradición sapiencial. Otros maestros no planteaban disyuntiva. Al contrario, el dinero es un INSTRUMENTO para SERVIR a Dios, y no para rivalizar con él. Así explicaban algunos el precepto de la adoración única:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu poder [Dt 6,5]. Con todo tu poder quiere decir con todas tus riquezas» (Mishná Berakhot 9,5).

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La riqueza: una realidad ambivalente

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«No me des NI POBREZA NI RIQUEZA, déjame gustar mi bocado de pan, no sea que por satisfecho reniegue, y diga: «¿Quién es YHWH?». O no sea que, siendo pobre, me dé al robo, e injurie el nombre de mi Dios» (Prov 30,8-9).

La tradición bíblica caracterizaba la actitud del sabio por la búsqueda de lo estrictamente  NECESARIO. En principio la riqueza es algo POSITIVO:

«Cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un DON de DIOS» (Ecl 5,18).

Pero también advertía de sus PELIGROS. En lugar de poseer las riquezas, el hombre puede ir detrás de ellas, como un devoto de los otros dioses:

«Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue» (Eclo 31,8)

Jesús menciona un BUEN USO del dinero que lleva a reunir «un tesoro inagotable en los cielos» (Lc 12,33-34). Pero también habla de la INSENSATEZ de querer «asegurar la vida mediante la abundancia de las posesiones» (Lc 12,15). El riesgo de transformar el dinero en objeto de culto es algo real, y lo insinuaba irónicamente el escritor romano Juvenal (Sátira 1,112-114):

«Aún sin contar con un altar, PECUNIA (el Dinero) es el más venerado entre los dioses romanos»

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No inquietarse

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De la advertencia a no caer en la idolatría del Dinero, Jesús pasa a una exhortación a no inquietarse por cuestiones que ya no tienen que ver con el enriquecimiento, sino con la SUPERVIVENCIA.

La consigna NO SE INQUIETEN aparece en el Evangelio en dos contextos:

Mt 6,25.30 Cotidianamente Qué comerán, con qué se vestirán Dios alimenta a las aves y viste a los lirios
Mt 19,10 Ante las autoridades Cómo o qué van a decir Eso se les comunicará en aquel momento

En ambos casos se exhorta sabiamente a tener confianza en la ASISTENCIA de DIOS, que «da su sustento al ganado y a las crías del cuervo» (Sal 147,9).

Inquietarse no tiene sentido, porque lo MÁS IMPORTANTE el hombre no lo ha obtenido por sí mismo, lo ha RECIBIDO DE DIOS:

  •  Dios ha dado ya lo más importante:             la vida y el cuerpo
  • Dios dará también lo menos importante:    la comida y el vestido

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Tener confianza…

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Así como algunos pasajes bíblicos elogian la sabiduría de Salomón, otros son sumamente críticos y le reprochan su culto a otros dioses (1 Re 11,4-6) y su opresión sobre el pueblo (1 Re 12,4). SALOMÓN llega así a ser un modelo del que CONFÍA EN SU PROPIO PODER y no pone su confianza en Dios:

«Salomón llegó a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, que acantonó en las ciudades de guarnición y en Jerusalén, junto a él. El rey hizo que la plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras» (1 Re 10,26-27)

Jesús reprende a veces a sus discípulos por no confiar, a pesar de todo lo que le vieron hacer.

  • «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza (Mt 8,26).
  • Jesús, tendiendo la mano, agarró a Pedro y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mt 14,31)
  • «Hombres de poca fe, ¿por qué están hablando de que no tienen panes? ¿Aún no comprenden, ni se acuerdan de los cinco panes de los 5000 hombres, y cuántos canastos recogieron?» (Mt 16,8).

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… pero también trabajar

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Jesús orienta el interés de sus discípulos hacia el mensaje central del Sermón (la JUSTICIA MAYOR del Reino). Eso depende de las obras buenas que ellos estén dispuestos a hacer. Del resto no se deben inquietar, porque Dios mismo los ASISTIRÁ.

Pero no inquietarse no significa que ya no se «OCUPEN» de lo que se necesita a diario. Jesús lo dirá cuando se despida. Y será la recomendación para las generaciones siguientes:

  • «Cuando los envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿les faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada». Les dijo: «Pues AHORA, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja» (Lc 22,35-36).
  • «Nos hemos enterado que hay entre ustedes algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose  en todo. A ésos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen CON SOSIEGO para comer su propio pan» (2 Tes 3,11-12).

Quien mueva todas sus energías a favor del Reino, y sea generoso en esta causa, puede confiar en que Dios siempre será más generoso. Tal vez no le ahorre dificultades, pero ciertamente no dejará de asistirlo.

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mt 5,38-48. VENCER EL MAL CON EL BIEN.

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Dijo Jesús: «Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no hagan frente al malvado: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que camines una milla, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo» (Mt 5,38-48).

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¿Cómo proceder frente al malvado?

Las enseñanzas de Jesús en el Sermón de la Montaña destacan lo que hay de más ESENCIAL en cada uno de los mandamientos. Lo hacen por medio de una INTENSIFICACIÓN de los preceptos, al pedir que se obre MÁS ALLÁ de lo que el enunciado escrito del precepto exigía.

Si bien este método era usado también por otros maestros, sin embargo es PROPIO DE JESÚS:

  •  la doctrina de que no se debe OPONER AL MALVADO (Mt 5,38-42)
  •  y el mandato de AMAR también AL ENEMIGO (Mt 5,43-48).

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Regulación jurídica de la venganza

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El deseo de venganza ante un daño recibido es una reacción impulsiva que muchas veces se manifiesta de modo desproporcionado:

«Dijo Lámek a sus mujeres: «Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un moretón. Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será 77» (Gn 4,23-24).

Varios siglos antes de que se la registrara en la Biblia, la famosa Ley del TALIÓN del Código de Hammurabi intentaba limitar el impulso de venganza. Para eso se permitía a la víctima devolver únicamente el mismo daño que había recibido:

«Si uno le saca el ojo a un notable, se le sacará el ojo. Si se le rompe un hueso a un notable, se le romperá un hueso. Si se le hace caer un diente a un hombre de su rango, se le hará caer un diente» (Hammurabi 196. 197. 200). «Darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie» (Ex 21,23-24)

No es un mandato, sino una restricción.

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Estimulando el perdón

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La Ley del tiempo postexílico (s. VI aEC) fue avanzando hacia la superación de la venganza, prohibiendo su práctica, por lo menos entre los compatriotas:

«No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no te cargues con pecado por su causa. No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19,17-18).

La Regla de la Comunidad de Qumrán limitaba el deseo de venganza dejando en manos de Dios la realización de la justicia:

«A nadie pagaré con retribución por el mal; perseguiré al hombre con el bien porque sólo a Dios toca juzgar a los vivos, él dará a cada uno su recompensa» (1QS 10,17-18).

Los sabios, en cambio, estimularán el perdón haciendo ver al agraviado que él también es un pecador, y que también Dios va a hacer justicia con él. Si quiere obtener misericordia de Dios debe practicarla primero con los hombres:

«El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. De un semejante piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados! El, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?» (Eclo 28,1-5)

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¿Dejar obrar al malvado?

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La enseñanza de Jesús va más allá de la renuncia a la venganza: no resistir al malvado. Pero resistir al malvado no es devolverle el mal, sino evitar que siga haciendo más daño.

No es extraño que esta enseñanza ha sido objeto de duras críticas, por cuanto parece invitar al sometimiento y, por tanto, a fomentar la injusticia. El cristiano que se guía por esta norma de conducta estaría diciendo :

«Nosotros los débiles somos decididamente débiles; por consiguiente, haremos bien en no hacer todo aquello para lo cual no tengamos bastante fuerza ». Pero esta amarga comprobación… gracias a esta falsa moneda, a este impotente engaño de sí mismo, ha tomado la exterioridad pomposa de la virtud» (F. Nietzche, Genealogía de la moral, en Obras completas III, Buenos Aires 1965, p.611).

.Este juicio está considerando DOS ALTERNATIVAS ante la actitud del malvado:

  1. RESISTENCIA activa = FORTALEZA
  2. ACEPTACIÓN pasiva = DEBILIDAD

¿Es la segunda alternativa lo que propone el Evangelio?

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Ni resistencia, ni aceptación

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Jesús da ejemplos concretos qué significa «no resistir al malvado». Están en la misma línea de intensificación de los preceptos y, por lo tanto, se trata de «HACER algo MÁS». No se los puede considerar una aceptación pasiva.

Jesús está proponiendo una ALTERNATIVA SUPERADORA entre las dos respuestas inconvenientes:

  1. RESISTENCIA activa = TEMERIDAD, porque el malo no se rinde, se hace más violento
  2. ACEPTACIÓN pasiva = TEMOR. Anima al malvado a abusar más todavía
  3. LIBERTAD PARA EL BIEN = VALENTÍA. Desconcierta al malvado.

Devolver un golpe es sucumbir a una provocación y continuar una espiral de violencia. Aceptar el golpe es reconocer la superioridad del prepotente.

OFRECER la otra mejilla es una INICIATIVA ACTIVA que muestra al prepotente que uno conserva la propia libertad, que es dueño de sí mismo. NIEGA al prepotente el PODER DE HUMILLAR.

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Un método efectivo

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Cabe preguntar si esta alternativa intermedia funciona realmente, o si es una forma disimulada de aceptación de la injusticia. No cabe duda que la sumisión temerosa ha prolongado situaciones de injusticia. Pero la historia también muestra que las rebeliones violentas muchas veces fracasan. Flavio Josefo describe minuciosamente el desastre de la Guerra Judía contra Roma, que provocó la ruina de Jerusalén.

En cambio, el mismo Josefo narra cómo el ofrecimiento libre de los cuellos (¡más que las mejillas!) de cientos de judíos logró doblegar al prepotente Pilato:

«El gobernador los amenazó con ejecutarlos inmediatamente si no cesaban en su manifestación y volvían a sus casas. Pero ellos se echaron rostro en tierra y descubrieron sus gargantas declarando que estaban dispuestos a sufrir la muerte con entereza antes que atreverse a violar la sabiduría de las leyes divinas. Asombrado de esta determinación en la observancia de sus leyes, Pilato mandó retirar inmediatamente las imágenes [del emperador que había colocado] en Jerusalén» (Antigüedades XVIII 55-59).

La violencia siempre es un mal. Recurrir a ella puede parecer la única alternativa en algunos casos. Pero siempre habrá una alternativa mejor entre hacer mal (para evitar otro mayor) y no hacer nada. La alternativa de HACER el BIEN:

«No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien» (Rom  12,21).

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El mandamiento más exigente

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«Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores…» (Mt 5,43-44).

La primera parte del precepto es la cita de Lv 19,18, pero la segunda parte no se encuentra literalmente en la Biblia. Sin embargo se expresa como mandato divino en el exterminio de los pueblos que habitaban el país cananeo a la llegada de los israelitas (Dt 20,16-18). De ahí que la Regla de Qumrán ordenaba a todos los miembros de la comunidad:

«AMAR a todos los hijos de la luz… pero ODIAR a todos los hijos de las tinieblas» (1QS 1,9s).

Algunos escritos judíos exhortaban a abstenerse de la venganza. A veces se llegaba a proponer la GENEROSIDAD para con los adversarios:

«Debemos ser generosos con los favorablemente dispuestos hacia nosotros. Ésta es la opinión general. Mi opinión es que debemos mostrar generosidad hacia nuestros adversarios para que así podamos convertirlos a lo que es bueno y conveniente» (Carta de Aristeas 227).

Hay que notar que esta exhortación a la generosidad no exige AMAR al adversario, como tampoco lo hace ningún otro escrito del Nuevo Testamento, más allá del Sermón de la Montaña:

«Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis» (Rom  12,14).

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¿El sol sale para todos?

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La motivación del Evangelio para obrar de modo tan sorprendente es superar la propia naturaleza y hacerse SEMEJANTE al DIOS providente:

«… así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45).

 Aquí hay algo bastante novedoso, porque para la tradición anterior Dios no hace salir el sol para todos ni trata de igual manera a justos e injustos:

«En vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, guía a través de rutas desconocidas, y sol inofensivo en su gloriosa emigración. Bien merecían verse de luz privados y prisioneros de tinieblas, los [egipcios] que en prisión tuvieron encerrados a aquellos hijos tuyos» (Sab 18,3-4).

«Es una locura esperar que Dios tratará a los justos en la misma forma que a los injustos» (Josefo, Guerra V,407).

De todos modos el dicho de Jesús sobre la providencia universal de Dios no puede ser separado de sus afirmaciones sobre el juicio, en el cual los que no socorrieron a los necesitados «irán a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna» (Mt 25,46). En este caso la enseñanza de Jesús no es muy diferente de la de otros maestros posteriores:

«Bueno es YHWH para con todos» [Sal 145,9]. Hace salir el sol y llover sobre todos, en este mundo; pero del mundo futuro, que vendrá algún día, se ha dicho: «Haz el bien, Señor, a los buenos [Sal 125,4]» (Midrash Sal 22, § 3 [91a]).

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Perfectos como el Padre

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El criterio del buscar una JUSTICIA MAYOR que la practicada por otros miembros del pueblo es decisivo.

Pero más elemental aún es la necesidad de superar a los que no creen en el Dios de Israel. Ellos son capaces de hacer obras buenas. Los discípulos no se pueden conformar con «HACER LO MISMO». Jesús les pide que hagan «ALGO MÁS» (Mt 5,47).

La meta propuesta por Jesús parece inalcanzable, en cuanto que la medida de comparación excede lo humano. Pero no se trata sólo de una TAREA, frente a la cual el hombre se encuentra solo. Si Jesús invita a «ser hijos del Padre que está en el cielo» (Mt 5,45), es porque el mismo Dios nos engendra como tales y nos da lo mismo que nos propone:

«Todo don PERFECTO viene de lo alto, desciende del Padre de las luces. Nos engendró por su propia voluntad, con Palabra de verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas» (St 1,17).

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mc 9,14-29. CREO, PERO AUMENTA MI FE

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«Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: «¿Sobre qué estaban discutiendo?».

Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no tuvieron fuerza».

«Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo».

Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está así?». «Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, compadécete de nosotros y ayúdanos».

«¡Si puedes…!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree».

Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe».

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más».

El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto». Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.

Cuando entró a la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».

El les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración» (Mc 9,14-29).

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Un hombre esperaba que la ayuda de los discípulos de Jesús bastara para sanar a su hijo poseído (toda la descripción hace pensar que se trata de un caso de epilepsia). Pero le explica que ellos no han podido ayudarlo. Y esto a pesar de que en el envío misionero se les había dado «autoridad para expulsar a los demonios» (Mc 3,15). Tampoco el sirviente de Eliseo había podido resucitar a un niño, y tuvo que hacerlo el profeta personalmente:

«Guejazí se les había adelantado y había puesto el bastón sobre el rostro del muchacho, pero este no dio señales de vida. Volvió entonces a presentarse ante Eliseo y le comunicó: «El muchacho no se ha despertado».

Cuando Eliseo llegó a la casa, vio que el muchacho estaba muerto, tendido sobre su lecho. En seguida entró, se encerró sólo con el muchacho y oró al Señor. Luego subió a la cama, se acostó sobre el niño y puso su boca, sus ojos y sus manos sobre la boca, los ojos y las manos del niño; permaneció recostado sobre él y la carne del niño entró en calor.

Se puso a caminar por la casa de un lado a otro, se levantó y se recostó sobre él hasta siete veces. Entonces el muchacho estornudó y abrió los ojos» (2 Re 4,31-35).

¿A qué se debe el fracaso de los discípulos? La respuesta dolida de Jesús en primer término apunta a la INCREDULIDAD (Mc 14,19), y la fe es mencionada seguidamente en el diálogo con el padre del muchacho:

«Todo es POSIBLE para el que cree» (Mc 9,23).

«CREO, ayúdame porque tengo poca fe» (9,24).

Por otra parte hay una diferencia en el modo de referir imposibilidad de los discípulos:

  • El hombre dice: «no tuvieron FUERZA» (Mc 9,18)
  • Los discípulos preguntan: «¿Por qué nosotros no PUDIMOS?» (9,28).

Los discípulos en otras ocasiones habían expulsado demonios y curado enfermos, al ser enviados por Jesús (Mc 6,13). Si ahora no les resulta POSIBLE no es porque carezcan de fuerza, sino porque no creen. El padre del muchacho CREE, aunque sea un poco. Y pide a Jesús que tenga los sentimientos que el Evangelio ha mencionado cuando curó al leproso (Mc 1,41) y cuando se decidió a enseñar (6,34) y a dar de comer a la multitud (8,2):

«COMPADÉCETE de nosotros y ayúdanos» (9,22).

Ese CONMOVERSE en las entrañas, propio de Jesús, era lo que los discípulos no habían sentido ante la carencia de la gente cuando se multiplicó el pan. Ésa es la raíz de la dificultad para comprender los signos de Jesús.

La queja de Jesús suena muy semejante a la de Moisés respecto a los israelitas que protestan por las incomodidades del desierto (Nm 14,27), y del mismo Dios a causa del desconocimiento de sus prodigios por parte del pueblo que los había contemplado:

«Me tentaron aunque habían visto mi obra. Cuarenta años me asqueó aquella GENERACIÓN, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen» (Sal 95,9-10).

Los que caminan con Jesús no terminan de comprender a quién están siguiendo.

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mc 8,34 – 9,1. EL QUE PIERDA SU VIDA LA SALVARÁ

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«Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».

Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder» (Mc 8,34 – 9,1).

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Pedro, corregido severamente por Jesús, debe comenzar de nuevo el SEGUIMIENTO que había iniciado cuando recibió el llamado. Nuevamente le dice: Ve «DETRÁS DE MÍ» (8,33; cf. 1,17).

Ahora Jesús hace extensivo el llamado a la multitud, pero explica con dramática claridad las exigencias del seguimiento. Lo hace a través de una serie de paradojas que impresionan a quien lo escucha, pero que quieren dejar en claro lo que los discípulos han demostrado que no ven aún con nitidez:

  1.  La LIBERTAD del seguimiento, que no es una imposición, sino una propuesta para todo «el que quiera ir detrás de» Jesús (Mc 8,34).
  2. El DESCONCIERTO que desarma la seguridad en la que se refugiaba el supuesto seguidor de Jesús. Si quiere tener en adelante «los pensamientos de Dios» (8,33), debe «negarse a sí  mismo» (8,34).
  3. El DESCUBRIMIENTO de lo que no es evidente. A través de las preguntas se invita a pensar nuevamente lo que ya se tiene asumido como lo obviamente más provechoso: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida [alma]?» (8,36).
  4.  La CRITICA a la mentalidad vigente por medio de la contradicción:
  • quien quiera salvar su vida,                          = la perderá
  • quien pierda su vida (por Jesús),                 = la salvará
  • ganar el mundo entero                                   = arruina su vida
  • quien se avergüence de Jesús (presente)    = el Hijo se avergonzará de él (futuro)

 

Tomar la CRUZ es asociarse con la identidad de Jesús y con el destino al que ella conduce. El Evangelista dejó claro que aquel que despertó expectativas proféticas y mesiánicas entre la multitud y los discípulos las realizará por un camino que incluye la pasión y la muerte en cruz.

Los romanos buscaban con la ejecución en cruz humillar y avergonzar. TOMAR esa cruz es adoptar libremente lo que con frecuencia padece la multitud a la cual vino a rescatar el Hijo del Hombre (Mc 10,45).

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mc 8,22-26. VEÍA TODO CON CLARIDAD

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«Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerla saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?».

El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan».

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.

Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo» (Mc 8,22-26).

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Durante la travesía en la barca, Jesús había advertido a los discípulos:

«Abran los ojos y guárdense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes» (Mc 8,15).

La dificultad para comprender los gestos de Jesús, después de haber contemplado dos multiplicaciones de pan, les valió la reprensión del maestro:

«¿Teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen?» (Mc 8,18).

Este precedente convierte la curación del ciego, apenas desembarcados, en una imagen contrastante que ilustra la realidad de la fe en Jesús. Especialmente cuando es narrada antes de la proclamación mesiánica de Pedro (8,27-30). Porque ciego de Betsaida llega a ver, pero sólo de a poco:

  • Veo hombres, como si fueran árboles que caminan (8,24).
  • Veía de lejos claramente todas las cosas (8,25).

Los discípulos «sin inteligencia» (Mc 7,18), «que tienen la mente embotada» (8,17), proclamarán sin vacilar: «Tú eres el Cristo» (8,29). Ya se comprobará que esta mirada aún no es nítida, sino bastante confusa. No reflejará todavía «los pensamientos de Dios, sino los de los hombres» (8,33).

Su apertura a la fe es semejante a la de la vista del ciego: progresa por etapas…

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Categorías: Comentario del Evangelio

Mt 5,20-37. PERO YO LES DIGO

Dijo Jesús: «Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: “No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor”. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios. Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno» (Mt 5,20-22.27-28.33-34.37).

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Un modo diferente de vivir la justicia

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Además de las bienaventuranzas para los sufridos, compartidas con Lucas, Mateo incluyó otras que hablan de las VIRTUDES de quienes obran JUSTAMENTE, y que serán recompensados por sus buenas obras:

  •  los PACIENTES
  •  los MISERICORDIOSOS
  •  los que tienen el CORAZÓN PURO,
  •  los que TRABAJAN POR LA PAZ,
  •  los perseguidos por PRACTICAR LA JUSTICIA

A lo largo del Sermón de la Montaña el Evangelio calificará estas actitud como la realización de una «JUSTICIA MAYOR», que «hace plena» a la Ley y los Profetas (Mt 5,17).

Y ofrecerá ejemplos concretos de esa justicia.

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¿Qué se entiende en la Biblia por justicia?

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«Tal será nuestra justicia: cuidar de poner en práctica todos estos mandamientos ante YYHWH nuestro Dios, como él nos ha prescrito» (Dt 6,25).

El concepto bíblico de «JUSTICIA» (hebr. sedāqāh) implica una relación. No se basa en la sola observancia de determinadas normas jurídicas, sino en la FIDELIDAD al compromiso adquirido en un pacto. De este modo DIOS realiza su «justicia» SALVANDO a su pueblo:

«YHWH ha dado a conocer su SALVACIÓN, a los ojos de las naciones ha revelado su JUSTICIA; se ha acordado de su amor y su LEALTAD para con la casa de Israel» (Sal 98,2-3).

En correspondencia, el PUEBLO realiza la justicia cuando pone por OBRA los MANDAMIENTOS de la Alianza, tal como se comprometió del Sinaí:

«A nosotros nos sacó de Egipto allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres. Y YHWH nos mandó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo a YHWH nuestro Dios, para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como el día de hoy» (Dt 6,23-24).

Promulgada en el contexto de la liberación, la finalidad de la Ley es la misma: que el pueblo viva dignamente y en libertad, para no volver a caer en la esclavitud. La obediencia a los mandamientos constituye la respuesta adecuada del hombre liberado.

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La alegría de vivir los mandamientos

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Para el judaísmo fariseo la práctica de los mandamientos manifiesta la obediencia a Dios y contribuye a santificar la vida cotidiana, poniendo cada dimensión del quehacer humano ante la presencia divina.

Modos de cumplir los preceptos de la Ley (Torah)

Amor por Dios

«La recompensa del precepto es el precepto» (Mishná Abot IV,2)

«No seáis como criados que sirven a su señor a condición de ser remunerados, sino sed como criados que sirven a su amo como si no fueran a recibir salario y que el amor de Dios habite en vosotros» (Mishná Abot I,3).

Libertad interior

«Después de saborear la Toráh de Dios, la hará suya» (Talmud, Abodá Zará 19a).

Alegría

«Todo precepto que en principio fue recibido con alegría, sigue cumpliéndose con regocijo, como está escrito: Me alegro con tus órdenes como quien encuentra un gran tesoro (Sal 119,162). En cambio todo precepto recibido con desaliento en el principio, sigue cumpliéndose penosamente» (Talmud, Shabat 130).

¿En que sentido debe ser superior la de justicia de los discípulos de Jesús?

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Los mandamientos conformes al Reino de Dios

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Las Bienaventuranzas habían expuesto la voluntad de Dios de transformar la realidad PRESENTE. Esta meta que se realizará en el FUTURO ofrece ya desde ahora una orientación para el comportamiento humano.

Seis ejemplos ilustran cómo se realiza la JUSTICIA MAYOR que caracteriza la vida en el Reinado definitivo de Dios:

5,21-26 Sobre la ira y las relaciones humanas
5,27-30 Sobre el adulterio y la lujuria masculina
5,31-32 Sobre el divorcio
5,33-37 Sobre la coherencia entre palabra y acción
5,38-42 Sobre la resistencia no violenta al mal
5,43-48 Sobre el amor a los enemigos

Cada uno de los ejemplos tiene la misma forma literaria

«Han oído que se dijo a los ANTEPASADOS…» «Pero YO les digo…»
Los MANDAMIENTOS dichos por Dios a MOISÉS, escuchados en la lectura litúrgica La ENSEÑANZA personal de Jesús

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¿Sustitución de los mandamientos?

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¿Cómo entender la relación entre la Ley de Moisés y las enseñanzas de Jesús?. Con frecuencia se las ha considerado como ANTITESIS en las que la nueva declaración sustituye a la anterior. Pero no siempre ocurre así, ya que Jesús no sustituye la prohibición de matar y de cometer adulterio.

Además las enseñanzas de Jesús no son las únicas que son puestas en paralelo con los Mandamientos de la Ley Escrita:

«se dijo a los ANTEPASADOS…» «… pero YO les digo…» (Mt 5,22).
«DIOS dijo: Honra a tu padre y a tu madre…» «Pero USTEDES dicen: “Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda”» (Mt 15,5).

Tanto Jesús como los otros maestros hacen su interpretación de la Ley. El Talmud muestra que los maestros podían tener grandes diferencias de interpretación del mismo precepto, sin tomar posición a favor de uno u otro.

Mateo no contrapone MANDAMIENTOS – enseñanza de JESUS. Más bien polemiza con la TRADICIÓN ORAL farisea, a la que acusa de anular la Palabra de Dios [MANDAMIENTOS] con sus aplicaciones prácticas (15,6).

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Intensificación de los mandamientos

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Otro modo de entender la relación con los mandamientos es considerar las enseñanzas de Jesús como INTENSIFICACIÓN de los preceptos. Parece claro en algunos casos, donde pide ir MÁS ALLÁ del cumplimiento exterior:

5,21-26 No sólo NO MATAR; tampoco encolerizarse
5,27-30 No sólo NO COMETER ADULTERIO, tampoco mirar con deseo
5,33-37 No sólo NO JURAR FALSAMENTE, no jurar de ningún modo.
5,43-48 No solo AMAR al PRÓJIMO, también a los enemigos

Sin embargo, en otros casos, REVOCA lo prescrito en la Ley:

5,31-32 Prohíbe el divorcio, que permitía Dt 24,1
5,38-42 Suprime la Ley del Talión (Dt 21,23-25).

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La enseñanza de Jesús sobre los mandamientos quiere destacar lo que hay de más ESENCIAL en cada uno de ellos. Sobre todo invita a orientar de un modo nuevo las relaciones entre las personas, mucho más de lo que el enunciado escrito del precepto buscaba realizar.

Este método de intensificación moral de la Torah era usado también por otros maestros. Consistía en considerar el precepto pequeño tan grave como el precepto grande, pues la transgresión leve puede llevar a la transgresión grave.

En cambio lo más PROPIO DE JESÚS (sin ningún paralelo en otro maestro), es la doctrina de que no se debe oponer al malvado (5,38-42) y el mandato de que no sólo no se debe odiar al enemigo, sino que además se lo debe amar (5,43-48).

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Profundizando la herencia sapiencial

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La preocupación por evitar no sólo las transgresiones de los preceptos, sino el cuidar también las ocasiones que conducen hacia el pecado, estuvo presente en la tradición sapiencial en la época más cercana a Jesús:

Mt 5,21-26 Ni MATAR; ni encolerizarse «Riña súbita prende fuego, disputa precipitada vierte sangre» (Eclo 28,11).
Mt 5,27-30 Ni COMETER ADULTERIO, ni mirar con deseo «Aparta tu ojo de mujer hermosa, no te quedes mirando la belleza ajena. Por la belleza de la mujer se perdieron muchos, junto a ella el deseo arde como fuego» (Eclo 9,8).
Mt 5,33-37 Ni JURAR FALSAMENTE, ni jurar de ningún modo. «Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo. Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado» (Eclo 23,9-10).

Lo que no se frena en el interior se vuelve incontrolable en el exterior:

«Hijos míos queridísimos, amad cada uno a vuestro hermano con corazón bondadoso y apartad de vosotros al espíritu de la envidia. Éste hace al alma salvaje, destroza el cuerpo, infunde en la mente ira y ardor guerrero, la exacerba hasta derramar sangre, pone al pensamiento fuera de sí y no permite que la sabiduría actúe en los hombres» (Testamento de Simeón 4,7-8).

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Jesús cumple; nosotros practicamos

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Jesús no suprimió los preceptos rituales de la Ley. Insistió en que deben practicarse, pero advirtió que éstos no deben hacer olvidar lo más importante:

«Pagan el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidan lo más importante de la Ley: la JUSTICIA, la MISERICORDIA y la FE! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello» (Mt 23,23).

Pero el Evangelio de Mateo usa una distinción de lenguaje, que es muy útil para corregir algunas actitudes de los creyentes. Es frecuente encontrar personas que dicen que «cumplen con todo lo mandado». Y por eso piensan que ya hicieron lo suficiente.

Mateo dice que los discípulos deben aprender a «HACER» las obras buenas prescritas en la Ley, y «algo MÁS» (5,47).

En cambio, aplica sólo de Jesús el verbo «CUMPLIR», que significa llenar o completar. Jesús «HACE PLENA» (completa) la Ley (Mt 5,17), rescatando las consecuencias de su observancia.

Si ser justo es corresponder a la iniciativa de Dios en la Alianza, la JUSTICIA MAYOR llevará a IMITAR A DIOS en su obrar:

«Por lo tanto, sean PERFECTOS como es PERFECTO el Padre que está en el cielo» (Mt 5,48).

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